DE ALGUNOS HOMBRES DECIDIDOS QUE FORMABAN LA PARTIDA DEL CURA
Concluida la paliza, Luschia dio la orden de marcha, y los quince o veinte hombres tomaron hacia Oyarzun, por el camino que pasa por la Cuesta de la Agonia.
La partida iba en dos grupos; en el primero marchaba Martin y en el segundo Bautista.
Ninguno de la partida tenia mal aspecto ni aire patibulario. La mayoria parecian campesinos del pais; casi todos llevaban traje negro, boina azul pequena y algunos, en vez de botas, calzaban abarcas con pieles de carnero, que les envolvian las piernas.
Luschia, el jefe, era uno de los tenientes del Cura y ademas capitaneaba su guardia negra. Sin duda, gozaba de la confianza del cabecilla. Era alto, huesudo, de nariz fenomenal, enjuto y seco.
Tenia Luschia una cara que siempre daba la impresion de verla de perfil, y la nuez puntiaguda.
Parecia buena persona hasta cierto punto, insinuante y jovial. Consideraba, sin duda, una magnifica adquisicion la de Zalacain y Bautista, pero desconfiaba de ellos y, aunque no como prisioneros, los llevaba separados y no les dejaba hablar a solas.
Luschia tenia tambien sus lugartenientes; Praschcu, Belcha y el Corneta de Lasala. Praschcu era un moceton grueso, barbudo, sonriente y rojo, que, a juzgar por sus palabras, no pensaba mas que en comer y en beber bien. Durante el camino no hablo mas que de guisos y de comidas, de la cena que le quitaron al cura de tal pueblo o al maestro de escuela de tal otro, del cordero asado que comieron en este caserio y de las botellas de sidra que encontraron en una taberna. Para Praschcu la guerra no era mas que una serie de comilonas y de borracheras.
Belcha y el Corneta de Lasala iban acompanando a Bautista.
A Belcha (el negrito) le llamaban asi por ser pequeno y moreno; el Corneta de Lasala ostentaba una cicatriz violacea que le cruzaba la frente. Su apodo procedia de su oficio de capataz de los que dan la senal para el comienzo y el paro del trabajo con una bocina.
Los de la partida llegaron a media noche a Arichulegui, un monte cercano a Oyarzun, y entraron en una borda proxima a la ermita.
Esta borda era la guarida del Cura. Alli estaba su deposito de municiones.
El cabecilla no estaba. Guardaba la borda un reten de unos veinte hombres. Se hizo pronto de noche. Zalacain y Bautista comieron un rancho de habas y durmieron sobre una hermosa cama de heno seco.
Al dia siguiente, muy de manana, sintieron los dos que les despertaban de un empujon; se levantaron y oyeron la voz de Luschia:
--Hala. Vamos andando.
Era todavia de noche; la partida estuvo lista en un momento. Al mediodia se detuvieron en Fagollaga y al anochecer llegaban a una venta proxima a Andoain, en donde hicieron alto. Entraron en la cocina. Segun dijo Luschia, alli se encontraba el Cura.
Efectivamente, poco despues, Luschia llamo a Zalacain y a Bautista.
--Pasad--les dijo.
Subieron por la escalera de madera hasta el desvan y llamaron en una puerta.
--?Se puede?--pregunto Luschia.
--Adelante.
Zalacain, a pesar de ser templado, sintio un ligero estremecimiento en todo el cuerpo, pero se irguio y entro sonriente en el cuarto. Bautista llevaba el animo de protestar.
--Yo hablare--dijo Martin a su cunado--tu no digas nada.
A la luz de un farol, se veia un cuarto, de cuyo techo colgaban mazorcas de maiz, y una mesa de pino, a la cual estaban sentados dos hombres. Uno de ellos era el Cura, el otro su teniente, un cabecilla conocido por el apodo de _el Jabonero_.
--Buenas noches--dijo Zalacain en vascuence.
--Buenas noches--contesto _el Jabonero_ amablemente.
El cura no contesto. Estaba leyendo un papel.
Era un hombre regordete, mas bajo que alto, de tipo insignificante, de unos treinta y tantos anos. Lo unico que le daba caracter era la mirada, amenazadora, oblicua y dura.
Al cabo de algunos minutos, el cura levanto la vista y dijo:
--Buenas noches.
Luego siguio leyendo.
Habia en todo aquello algo ensayado para infundir terror. Zalacain lo comprendio y se mostro indiferente y contemplo sin turbarse al cura. Llevaba este la boina negra inclinada sobre la frente, como si temiera que le mirasen a los ojos; gastaba barba ya ruda y crecida, el pelo corto, un panuelo en el cuello, un chaqueton negro con todos los botones abrochados y un garrote entre las piernas.
Aquel hombre tenia algo de esa personalidad enigmatica de los seres sanguinarios, de los asesinos y de los verdugos; su fama de cruel y de barbaro se extendia por toda Espana. El lo sabia y, probablemente, estaba orgulloso del terror que causaba su nombre. En el fondo era un pobre diablo histerico, enfermo, convencido de su mision providencial. Nacido, segun se decia, en el arroyo, en Elduayen, habia llegado a ordenarse y a tener un curato en un pueblecito proximo a Tolosa. Un dia estaba celebrando misa, cuando fueron a prenderle. Pretexto el cura el ir a quitarse los habitos y se tiro por una ventana y huyo y empezo a organizar su partida.
Aquel hombre siniestro se encontro sorprendido ante la presencia y la serenidad de Zalacain y de Bautista, y sin mirarles les pregunto:
--?Sois vascongados?
--Si--dijo Martin avanzando.
--?Que haciais?
--Contrabando de armas.
--?Para quien?
--Para los carlistas.
--?Con que comite os entendiais?
--Con Bayona.
--?Que fusiles habeis traido?
--Berdan y Chassepot.
--?Es verdad que teneis armas escondidas cerca de Urdax?
--Ahi y en otros puntos.
--?Para quien las traiais?
--Para los navarros.
--Bueno. Iremos a buscarlas. Si no las encontramos, os fusilaremos.
--Esta bien--dijo friamente Zalacain.
--Marchaos--repuso el cura, molesto por no haber intimidado a sus interlocutores.
Al salir, en la escalera, _el Jabonero_ se acerco a ellos.
Este tenia aspecto de militar, de hombre amable y bien educado.
Habia sido guardia civil.
--No temais--dijo--. Si cumplis bien, nada os pasara.
--Nada tememos--contesto Martin.
Fueron los tres a la cocina de la posada, y _el Jabonero_ se mezclo entre la gente de la partida, que esperaba la cena.
Se reunieron en la misma mesa _el Jabonero_, Luschia, Belcha, el corneta de Lasala y uno gordo, a quien llamaban Anchusa.
_El Jabonero_ no quiso aceptar en la mesa a Praschcu, porque dijo que si a aquel barbaro le ponian a comer al principio, no dejaba nada a los demas.
Con este motivo, un muchacho joven, exseminarista, apellidado Dantchari y conocido tambien por el mote de _el Estudiante_, que formaba parte de la partida, recordo la cancion de Vilinch, que se llama la Cancion del Potaje, y, como en ella el autor se burla de un cura tragon, tuvo que cantarla en voz baja, para que no se enterara el cabecilla.
El posadero trajo la cena y una porcion de botellas de vino y de sidra, y, como la caminata desde Arichulegui hasta alla les habia abierto el apetito, se lanzaron sobre las viandas como fieras hambrientas.
Estaban cenando, cuando llamaron a la puerta:
--?Quien va?--dijo el posadero.
--Yo. Un amigo--contestaron de fuera.
--?Quien eres tu?
--Ipintza, _el Loco_.
--Pasa.
Se abrio la puerta y entro un viejo mendigo envuelto en una anguarina parda, con una de las mangas atadas y convertida en bolsillo. Dantchari _el Estudiante_ le conocia y dijo que era un vendedor de canciones a quien tenian por loco, porque cantaba y bailaba recitandolas.
Se sento Ipintza, _el Loco_, a la mesa y le dio el posadero las sobras de la cena. Luego se acerco al grupo que formaban los hombres de la partida alrededor de la chimenea.
--?No quereis alguna cancion?--dijo.
--?Que canciones tienes?--le pregunto _el Estudiante_.
--Tengo muchas. La de la mujer que se queja del marido, la del marido que se queja de la mujer, Pello Joshepe...
--Todo eso es viejo.
--Tambien tengo Hurra Pepito y la cancion entre amo y criado.
--Ese es liberal--dijo Dantchari.
--No se--contesto Ipintza, _el Loco_.
--?Como que no sabes? Yo creo que tu no eres del todo ortodoxo.
--No se lo que es eso. ?No quereis canciones?
--Pero, bueno, contesta. ?Eres ortodoxo o heterodoxo?
--Ya te he dicho que no se.
--Que opinas de la Trinidad?
--No se.
--?Como que no sabes? iY te atreves a decirlo! ?De donde procede el Espiritu Santo? ?Procede del Padre o procede del Hijo, o de los dos? ?O es que tu crees que su hipostasis es consustancial con la hipostasis del Padre o la del Hijo?
--No se nada de eso. ?Quereis canciones? ?No quereis comprar canciones a Ipintza, _el Loco_?
--iAh! ?De manera que no contestas? Entonces eres heretico. _Anathema sit_. Estas excomulgado.
--iYo! ?Excomulgado?--dijo Ipintza lleno de terror, y retrocedio y enarbolo su blanco garrote.
--Bueno, bueno--grito Luschia al estudiante--. Basta de bromas.
Praschcu echo unas cuantas brazadas de ramas secas. Chisporroteo el fuego alegremente; despues, unos se pusieron a jugar al mus y Bautista lucio su magnifica voz cantando varios zortzicos.
Dantchari, _el Estudiante_, desafio a echar versos a Bautista y este acepto el desafio. Los dos comenzaron con el estribillo:
Orain esango dizut nic zuri eguia.
(Ahora te dire yo la verdad.)
Y la fuerza del consonante les hizo decir una porcion de disparates y de astracanadas que produjeron el entusiasmo de la reunion.
Ambos merecieron placemes y aplausos. Luego, Dantchari aseguro que sabia imitar la voz de tiple, y entre Bautista y el cantaron la cancion que comienza diciendo:
Marichu, ?nora zuaz eder galant ori?
(Maria, ?a donde vas tan bonita?)
Bautista cantando de mozo y Dantchari de chica, dirigiendose preguntas y respuestas de burlona ingenuidad, hicieron las delicias de la concurrencia.
Luego, Bautista canto la bella cancion del pais de Soul, que dice asi:
Urzo churia errazu Nora yoaten cera zu Ezpaniaco mendi guciac Elurrez beteac dituzu Gaur arratzean ostatu Gure echean badezu.
(Paloma blanca, dime a donde vas. Todos los montes de Espana estan llenos de nieve. Si quieres albergue para esta noche, lo tienes en mi casa.)
Los de la partida aplaudieron, pero mas que esta cancion romantica les gusto el duo anterior, y _el Jabonero_, comprendiendolo asi, compro a Ipintza, _el Loco_, un papel, que era la letra de la nueva cancion de Vilinch, llamada “Juana Vishenta Olave”, escrita por el autor adaptandola a un aire popular titulado iOrra Pepito!
La cancion de Vilinch era un dialogo amoroso entre el propietario de un caserio y la hija del arrendador, a quien trata de conquistar.
_El Estudiante_ se puso las enaguas de la posadera y se ato un panuelo en la cabeza, Bautista se calo un sombrero de copa que alguno encontro, no se sabe donde, y cantaron ambos el duo ingenuo de Vilinch, y la algazara fue tan grande que los cantores tuvieron que enmudecer porque el Cura grito desde arriba que no le dejaban dormir en paz.
Cada cual fue a acostarse donde pudo, y Martin le dijo a Bautista en frances:
--Cuidado, eh. Hay que estar preparados para escapar a la mejor ocasion.
Bautista movio la cabeza afirmativamente, dando a entender que no se olvidaba.